Desperté de un sueño sin fín al que he de volver en apenas un instante.
Al abrir los ojos, ví cosas que asombraron mis sentidos.
En mi busqueda del talismán que detuviese el paso del tiempo, te descubrí...fotografía.
 

 

Los Neandertales necesitan verse para entenderse


Mientras preparaba unos espaguetis en esa mañana de sol del domingo y con la radio por compañía escuché a un paleontólogo que decía que los hombres de Neanderthal necesitaban verse para entenderse.
Coño, me dije, ¿cómo habrán llegado a saberlo?
Cuando se oyen tales o cuales teorías sobre los que pasaron por aquí antes que nosotros pienso en cuanto no habrá de imaginario en lo que nos cuentan los antropólogos, paleontólogos o cualquiera de esas especialidades que buscan en nuestro pasado remoto explicaciones de nuestro ser y nuestro comportamiento.
Los Neandertales están ahora de moda ya que parece que algunas de las teorías comúnmente aceptadas sobre su comportamiento primitivo y simiesco y sus limitaciones se han derrumbado.
Pero volviendo a lo de verse para entenderse, tampoco me parece especialmente raro que fuese así porque no me imagino a estos colegas de hace 50.000 años contándose como les había ido el día por carta.
Como mucho alcanzo a imaginarlos dándose gritos en la distancia lo que tampoco resulta demasiado motivador.
En nuestro tiempo cada vez impera mas el lenguaje no verbal lo que no me parece mal siempre que no olvidemos por ello el lenguaje corporal.
Aplicamos en exceso los ideogramas, iconos, signos y sonidos que lo mismo nos indican cuando cruzar un paso peatones, donde podemos o más bien no podemos dejar nuestro carro o que nos advierten de que no nos llevemos algo sin pagar de una tienda que nos están viendo.
Los intentos de implantar las videollamadas, los moviles en los que puedes ver a tu interlocutor, no han tenido mucho éxito. No es una cuestión tecnológica sino de falta de demanda, pienso. No hay interés en ver al que está al otro lado o más bien no hay interés en ser visto.
Creo que sigue siendo interesante ser algo Neandertal. Uno se entiende mejor cuando ve la cara de su interlocutor, porque una mirada a los ojos sigue siendo mas explicita que muchas palabras.


El placer de viajar

En una ocasión una persona muy especial para mí se sorprendió cuando le dije: "no me gusta viajar".
Era una verdad con matices. Lo que en realidad quería decir era: "he viajado mucho y ya no me motiva seguir haciéndolo por obligación"
Viajar es una experiencia maravillosa. Hacerlo despacio, saboreando los lugares. Callejear, caminar sin rumbo fijo, sin mirar el reloj y sin programa.
Hay tantos sitios que descubrir. Tantos lugares en los que confundirse con la gente, sentarse en una terraza al sol y ver pasar la vida despacio.
Pero no siempre uno puede hacer lo que quiere. ¡Qué novedad!
De modo que habrá que seguir con las interminables esperas en los aeropuertos. Esos lugares cada vez más grandes y mas deshumanizados en los que ponen a prueba tu forma física recorriendo grandes distancias, haciendo estúpidos ziz zags entre cintas aunque estén vacías lo que llega a hacerte pensar si no hay alguien que te está cronometrando detrás de las cámaras de seguridad.
Habrá que seguir soportando esos incómodos controles y a ese, no siempre, amable personal que nos maneja como a ovejas a las que vayan a trasquilar. Esas incomprensibles normas que hacen que en un aeropuerto te debas descalzar y no en el siguiente, que convierten una raqueta de tenis (lee esto) en un arma mortal, que no dejan que lleves un envase de 125 ml pero que no impiden que si lo hagas con 2 ó 3 de 100 ml mismo tiempo ...

¡COMO ECHO DE MENOS UN BUEN VIAJE!


El tren.

Tren. chanclas.

Abrió los ojos.
Solo se oía el leve zumbido que producen los trenes cuando están parados.
El asiento, a su lado, estaba vacío, como el resto del vagón. Ella no estaba.
Desorientado, creyó estar soñando un sueño de trenes.
Miró por la ventanilla. El tren estaba detenido pero él no conocía aquella estación.
De pronto creyó reconocerla al otro extremo del anden.
La llamó pero su voz no atravesó el grueso vidrio. Golpeó el cristal pero ella siguió su camino.
Se puso de pie y saltó del tren. La alcanzó. Tocó su hombro.
Se volvió y su mirada, interrogante, mostró extrañeza.
"Perdón, la he confundido con otra persona", dijo.
Al volver la cabeza la vio. Estaba en el vagón. Su cara pegada a la ventanilla del tren que aceleraba.
Le pareció verla sonreír mientras el tren se alejaba de aquella estación sin nombre.

Bachata rosa

El laberintico recorrido por pasillos subterraneos desembocó en una sala iluminada por una fría luz de fluorescentes.
Una puerta con el simbolo atemorizador de la radiación y el contrapunto de una amable enfermera.
Unas apresuradas palabras de cariño, de aqui te dejo tu casette para que puedas escuchar la música que te gusta y no se te haga largo. Un beso, dos, tratando de no mostrar angustia mientras de un vistazo haces la fotografía de la sala de radiacion. Luego la espera. El "todo va a salir bien, seguro".
Han pasado apenas un par de años desde que José Carreras ha superado su leucemía. Hoy esa palabra tan terrible ya no tiene el mismo poder, seguro. Seguro que todo va a salir bien, seguro, seguro.
Además dicen que hay un nuevo tratamiento, lo llaman células madre.
Seguro que todo saldrá bien, seguro.
Después aquella larga semana mano a mano contigo. Los dos cerrados en aquella habitación en la que solo se asomaban un breve momento enfermeras cubiertas de pies a cabeza. Eran nuestro contacto con el mundo exterior. ¡Que despacio pasaban las horas!
Tantas cosas tuyas habiamos preparado para que no se te hiciese larga la estancia y que ni siquiera usaste.
La lucha de tu cuerpo con tus nuevas celulas ganó la batalla. Lastima que no ganase la guerra.
Hoy no puedo evitarlo y la Bachata rosa me sigue empañando los ojos.
Te regalo una rosa.

CARACOLA

Caracola. chanclas


Cuando quiero oir el mar, escucho la caracola.
Cuando tu voz, el silencio.

Intrascendente


Pensaba en un argumento para el post de hoy.
Mi cabeza se iba de paseo en busca de la inspiración.
Pero siempre volvía llena de trascendencia.
A cada nuevo intento las ideas se iban densificando convirtiéndose en palabras ya dichas. Palabras llenas de sentido. Hasta el empacho, pensé.
Cordura, cordura y trascendencia.
No, me dije, no es esto lo que busco. Quiero algo intrascendente.
Entonces me puse a pensar en INTRASCENDENTE
Algo que fuese intrascendente, simplemente intrascendente.
Que fluyese, que llegase a cualquiera sin que para ello hubiese que ser docto en ninguna materia.
Que ni tan siquiera hubiese que estar demasiado interesado.
Que simplemente bastase con estar.
Me di cuenta entonces que ser intrascendente, escribir intrascendente, no era tan fácil.
Que lo intrascendente se hacía complicado.
A veces mas complicado que lo formal.
Y envidié a los que son naturalmente intrascendentes.

Posiblemente

Paseando. chanclas.


Seguramente caminaba inusualmente lento.
Alguién se cruzó en mi camino y me dijo: Andando despacio se piensa mejor
Posiblemente, respondí
Decididamente aflojé el paso.

De aniversarios

Por estas fechas, hace un año, siguiendo ese impulso que nos empuja a estrenarle con nuevos propósitos, hacer una puesta a cero de tiempos pasados, ilusionarnos con nuevos proyectos ... inicié este blog.
Esta fue la primera entrada, AFICIONES QUE SE VUELVEN PASIONES.
Quería ser el manifiesto del blog o de forma menos solemne: el pretexto para el blog.
No sé muy bien que me trajo hasta aquí. Supongo que esa necesidad de comunicar, de susurrar, de gritar a veces a este nuevo viento que es la Red nuestra circunstancia vital y que a veces no podemos mantener dentro de nosotros.
En este año, han sucedido muchas cosas, pero ese no es el caso.
Lo importante es que he descubierto personas a los que sin ver físicamente ya considero amigos.
Nos hemos contado cosas y hemos compartido estados de animo, aficiones y experiencias vitales.
Les he hecho participes de lo que probablemente no contaría a personas más cercanas.
También he aprendido a leer entre lineas y aunque seguramente más de una vez me habré equivocado en mis análisis, si mi comentario sirvió a alguien para sentirse comprendido o acompañado pues perfecto.
No me he puesto metas ni fechas.
Algunas veces pienso en dejarlo y tan solo un par de días después lo cojo con más ganas.
Quién sabe si dentro de un año haya que soplar dos velas.

Gracias por estar ahí.